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Siete gallegos se encuentran entre los más de 1.700 fallecidos por el doble terremoto de Venezuela

Centro de acopio de la Hermandad Gallega de Venezuela

  • Los padres de un directivo de la Hermandad Gallega de Caracas y cinco jóvenes descendientes de emigrantes gallegos perdieron la vida por los derrumbes de La Guaira
  • Más de un centenar de voluntarios del centro gallego de la capital se vuelca con los afectados y participa en la gran recogida solidaria que coordina la Universidad Central de Venezuela

Fotos: David Peña y M.G.

Tristeza, pesar, desconsuelo. Después de sufrir en primera persona el susto y las consecuencias de los terremotos del pasado 24 de junio, el dolor emocional se apodera ahora del gran colectivo gallego que reside en Caracas y en estados limítrofes. Es un sentimiento que crece en la misma medida en la que aumenta el número de fallecidos de origen gallego. Entre los primeros nombres en conocerse se encuentran los de un conocido matrimonio residente en La Guaira, padres de un directivo de la Hermandad Gallega de Caracas. En este trágico caso, la desesperación llegó al límite, ya que los rescatadores consiguieron comunicarse con ambos desaparecidos a través de tabiques colindantes que colapsaron por el fuerte seísmo. Pero la ayuda no pudo llegar a tiempo.

Entre las víctimas mortales también se encuentran cinco jóvenes descendientes de emigrantes gallegos. Se encontraban en diferentes viviendas de costa o en zonas en las que colapsaron edificios y construcciones. Las playas de La Guaira, como Los Ángeles, Macuto y El Palmar, así como los locales de ocio, son un reclamo para la juventud caraqueña, en especial para quienes disponen de una segunda residencia familiar en este Estado del litoral situado a 30 kilómetros de la capital de país.

Otra fallecida no es originaria de Galicia, pero sí que tenía una fuerte conexión con la colectividad gallega de Venezuela, como presidenta del Consejo de Residentes Españoles (CRE). Isabel Jara ejercía además como delegada del Gobierno de Canarias en Venezuela. Precisamente el mayor colectivo de La Guaira es el de residentes que emigraron desde Canarias y sus descendientes.

Centro de acopio de la Hermandad Gallega de Venezuela

MÁS DE 100 VOLUNTARIOS GALLEGOS

A pesar del drama y del goteo de fallecidos, un grupo formado por más de 100 voluntarios vinculados a la Hermandad Gallega de Caracas no decae en su frenética actividad y destaca entre los más activos del centro de acopio que está coordinando la Universidad Central de Venezuela, situada en el centro de la capital, cerca de Plaza Venezuela. En las primeras horas, socios y directivos de la Hermandad Gallega se desplazaron a La Guaira en vehículos particulares para entregar los primeros lotes de agua, alimentos no perecederos, material de primeros auxilios y pañales. Pero en este momento el protagonismo es para los jóvenes descendientes de gallegos, muchos de ellos alumnos de la propia Universidad Central, que se afanan en la recogida de enlatados, pasta, arroz, agua embotellada, medicinas, ropa en buen estado...

“La Universidad sabe cómo hay que gestionar y planificar un centro de acopio tan grande, y desde la Hermandad nuestros voluntarios están haciendo entregas de forma constante. Es un orgullo ver que los más jóvenes, chicos de 18 años o poco más, llevan también la Hermandad por dentro. Son una copia de lo que fuimos nosotros hace 50 ó 60 años, y están demostrando un gran nivel de solidaridad. Creo que los `niños´de la Hermandad, que ahora ya superamos los 60 años, hemos hecho un buen trabajo transmitiendo los valores y el sentimiento de unión y de compromiso social a las nuevas generaciones de descendientes de gallegos”, relata emocionado un socio y ex directivo del centro gallego de Caracas.

El día del doble terremoto, un nutrido grupo de socios y familiares disfrutaba de una tarde aparentemente apacible -como tantas otras- en la Hermandad Gallega de Caracas. Hasta que a las 18.05 hora local el suelo comenzó a temblar y a emitir un sonido aterrador: “Había muchos mayores jugando a las cartas o al dominó. Otros estábamos en el restaurante y salimos precipitadamente. Estábamos en plano (en la planta baja), pero no podíamos caminar. Era como estar sobre una tabla de surf en el mar, notando las ondas y el movimiento bajo los pies. Fue una sensación horrible”, recuerda María Elvira Bargiela, periodista, hija de emigrantes gallegos de Ribadavia y Ponteareas.

“Las botellas caídas, el mobiliario por el suelo y ese fuerte rugido que procedía del suelo nos transportó al miedo. Estuvimos un buen rato abrazando y calmando a nuestros mayores, hasta que la situación se normalizó un poco”, describe. Pero el miedo continúa muy presente, como ayer mismo, cuando cinco días después de los terremotos de 7,2 y 7,5 grados regresó la inquietud a sus vidas por los truenos de una típica tormenta eléctrica de verano y, unas horas antes, por una réplica de intensidad 4,6.

En plenas labores de rescate, entre la población de Caracas y de las zonas más afectadas hay una mezcla de sentimientos: desconsuelo por las víctimas mortales, enfado con el Gobierno por la desatención y la falta de recursos, lamento por la improvisación del sistema de emergencias e incredulidad al comprobar que los primeros rescates fueron realizados por la población civil y por equipos procedentes de países como El Salvador, España y México.

Las Emergencias de Venezuela, que llegaron a ser en los noventa todo un referente de medios técnicos y humanos en Latinoamérica, con formación permanente en Estados Unidos y Europa, carecen hoy de personal (en parte por la emigración masiva) y de medios. Por citar un ejemplo, la última compra de vehículos para el cuerpo de Bomberos se produjo en el año 2000, cuando por protocolo debería realizarse cada ocho años.

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